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La XXI edición de La Titánica concluye con una etapa reina que desafía a los ciclistas en Gran Canaria. Esta jornada extrema, marcada por lluvia y frío, resalta la dureza de la competición.
Aquí te contamos por qué esta etapa se convierte en un referente para el ciclismo de resistencia.
La etapa se inició a las 8:00 horas en San Mateo, enfrentando a los ciclistas a un recorrido implacable. El primer gran reto fue el Alto de La Bodeguilla, un puerto de 17,5 kilómetros y 900 metros de desnivel positivo que comenzó a seleccionar a los participantes. Las rampas del 18% exigieron un esfuerzo monumental. Tras un avituallamiento en San Mateo, el ascenso hacia La Asomada por La Lechuza se convirtió en el punto más crítico, con pendientes que superaron el 20%, y un clima que complicó cada pedalada.
El tercer tramo, de 8,3 kilómetros y 530 metros de desnivel, fue neutralizado por la organización debido a la intensificación de la lluvia y a la peligrosidad del descenso. Esta decisión priorizó la seguridad de los ciclistas en un recorrido que ya había sido un verdadero filtro. La Titánica reafirma su prestigio con una etapa que pone a prueba tanto la resistencia física como la mental de los participantes en la bella pero desafiante Gran Canaria.

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